domingo, 15 de abril de 2012

Yo no hablo con la almohada, sino con el papel.



Escribiendo gasté bolígrafos, lápices y rotuladores, hasta gasté mi huella.
Escribí sobre ti y sobre ellos. Escribí sobre el pasado, el presente y el futuro. Escribiendo sentí que el papel me aliviaba, hacía como si me escuchara, era mejor que una persona. Escribí tanto del amor como del odio y demostré con estas palabras que todo es posible. Escribiendo enseñé a muchas personas cosas de la vida, pero también cometí errores que pagué muy caro al plasmar mis ideales. Escribí lo que querías leer, pero también plasmé lo que yo quería decir sin importar los demás. Escribí de día y de noche, en días tristes y en los mejores de mi vida. Escribiendo conocí a muchas personas y también despedí a muchas con pena, pero también con rabia.
En este siglo XXI mis manos se han convertido en mi arma que dispara palabras contra aquellos que ven el mundo de una forma egoísta y arrogante. La palabra correcta es la que llevará a la verdad.

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