Se acabó. 13 años de nuestra vida se han resumido en una
noche. Una noche que para mi ha sido bastante bonita. Hemos recordado momentos
que se deberían repetir de nuevo. Hemos vuelto a estar todos juntos sin
importar como fuera o quien fuera el otro.
Pero ya llegó, llegó el momento en el que cada uno tira por su lado, el momento en el que nos separamos, pero no es un ‘’Adiós’’, sino un ‘’Hasta luego’’. Un ‘’Hasta luego’’ que para mi tiene mucho significado, recuerdos, amor y amistad. He vivido momentos que no cambiaría por nada. He conocido a gente maravillosa, aunque también he odiado a muchos.
Desde el Kinder miraba a los de la otra clase como los bobos del curso, sin saber que algún día, alguno de esos ‘’bobos’’ acabaría siendo de mis mejores amigos. He ido de excursión por parajes hermosos, he ido a Puerto Rico y a La Palma. Me he reído y he llorado. He visto a mi compañera de clase como la niña más bonita y he luchado por su amor lo que no está escrito, así una y otra vez. Me he llevado besos y calabazas. Dieces y suspensos como catedrales. He llegado a sentir una simple amistad de profesor-alumno como una relación padre-hijo.
En primaria luchabas cada balón de fútbol en el patio como si fuera el último, y entrabas a clase con unos chorretones de sudor que ni Zidane en sus mejores tiempos. Te ponías tenso cuando te decían que tenías examen de Cono o de vocabulario de comida en inglés, sin saber que unos cuantos años más tarde tendrías que aprenderte comentarios de texto como si fueras un papagayo.
En 6º de primaria te veías como el rey del patio, eras el mayor y eso no lo podía cambiar un niño de 1º que acababa de llegar de ese pasado Kindergarteriano. Pero el tiempo pasó y llegaste a 1º de la E.S.O., y pasaste de ser el mafias de primaria a ser otro enano más del rebaño, no se te ocurría mantenerle la mirada a esos alumnos de bachillerato que parecían profesores. La E.S.O. pasó, y llegaste al bachillerato, donde si querías que te admitieran en una universidad tendrías que poner codos día y noche, menos salidas, más libros. Era simple. Tan simple que aquí estoy, aquí estamos. Todos orlados y mirando a la universidad a los ojos y al colegio por el retrovisor.
Ya se acabaron los madrugones, esperar a la guagua cuando se retrasaba, decir que estabas con Nimu, pedirle a Eva un poco más de comida sabiendo que te esperaría un rotundo NO, ir de fiesta al Metropole, hablar con Héctor sobre nazis y judíos, escuchar ese perfecto: He colgado un ejercicio de Moodle para ustedes que cierra la próxima semana, ir a buscar las cosas de la pizarra digital, jugar al baloncesto, jugar al fútbol a escondidas para que Arístides no te quitara el balón, tener que ordenar la bandeja de vez en cuando, ir a recepción porque te acaban de llamar… Y muchas cosas más, pero de lo que estoy seguro al 100 por 100 es de que hay amistades que nunca acabarán, que cuando vuelva al colegio a saludar a los que un día fueron mis profesores les seguiré queriendo, que cuando vuelvan mis amigos de la Península en fechas señaladas les seguiré amando y tratando de igual manera como si siguiéramos en el colegio, que con los que me quedo aquí seguiré igual y quedando fines y fines de semana, como si no hubiera mañana.
¿Qué hay cosas que cambian? Está claro, pero eso no se puede solucionar. Pero si hay cosas que pueden seguir igual y me siento a gusto sin ese cambio, pues se seguirá haciendo de igual manera.
Por nosotros.
Video orla: http://vimeo.com/41352371
Pero ya llegó, llegó el momento en el que cada uno tira por su lado, el momento en el que nos separamos, pero no es un ‘’Adiós’’, sino un ‘’Hasta luego’’. Un ‘’Hasta luego’’ que para mi tiene mucho significado, recuerdos, amor y amistad. He vivido momentos que no cambiaría por nada. He conocido a gente maravillosa, aunque también he odiado a muchos.
Desde el Kinder miraba a los de la otra clase como los bobos del curso, sin saber que algún día, alguno de esos ‘’bobos’’ acabaría siendo de mis mejores amigos. He ido de excursión por parajes hermosos, he ido a Puerto Rico y a La Palma. Me he reído y he llorado. He visto a mi compañera de clase como la niña más bonita y he luchado por su amor lo que no está escrito, así una y otra vez. Me he llevado besos y calabazas. Dieces y suspensos como catedrales. He llegado a sentir una simple amistad de profesor-alumno como una relación padre-hijo.
En primaria luchabas cada balón de fútbol en el patio como si fuera el último, y entrabas a clase con unos chorretones de sudor que ni Zidane en sus mejores tiempos. Te ponías tenso cuando te decían que tenías examen de Cono o de vocabulario de comida en inglés, sin saber que unos cuantos años más tarde tendrías que aprenderte comentarios de texto como si fueras un papagayo.
En 6º de primaria te veías como el rey del patio, eras el mayor y eso no lo podía cambiar un niño de 1º que acababa de llegar de ese pasado Kindergarteriano. Pero el tiempo pasó y llegaste a 1º de la E.S.O., y pasaste de ser el mafias de primaria a ser otro enano más del rebaño, no se te ocurría mantenerle la mirada a esos alumnos de bachillerato que parecían profesores. La E.S.O. pasó, y llegaste al bachillerato, donde si querías que te admitieran en una universidad tendrías que poner codos día y noche, menos salidas, más libros. Era simple. Tan simple que aquí estoy, aquí estamos. Todos orlados y mirando a la universidad a los ojos y al colegio por el retrovisor.
Ya se acabaron los madrugones, esperar a la guagua cuando se retrasaba, decir que estabas con Nimu, pedirle a Eva un poco más de comida sabiendo que te esperaría un rotundo NO, ir de fiesta al Metropole, hablar con Héctor sobre nazis y judíos, escuchar ese perfecto: He colgado un ejercicio de Moodle para ustedes que cierra la próxima semana, ir a buscar las cosas de la pizarra digital, jugar al baloncesto, jugar al fútbol a escondidas para que Arístides no te quitara el balón, tener que ordenar la bandeja de vez en cuando, ir a recepción porque te acaban de llamar… Y muchas cosas más, pero de lo que estoy seguro al 100 por 100 es de que hay amistades que nunca acabarán, que cuando vuelva al colegio a saludar a los que un día fueron mis profesores les seguiré queriendo, que cuando vuelvan mis amigos de la Península en fechas señaladas les seguiré amando y tratando de igual manera como si siguiéramos en el colegio, que con los que me quedo aquí seguiré igual y quedando fines y fines de semana, como si no hubiera mañana.
¿Qué hay cosas que cambian? Está claro, pero eso no se puede solucionar. Pero si hay cosas que pueden seguir igual y me siento a gusto sin ese cambio, pues se seguirá haciendo de igual manera.
Por nosotros.
Video orla: http://vimeo.com/41352371
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